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Doctor Carlos Wolf: Cuando reconstruir una cara es reconstruir una vida

"Me gusta lo que hago porque cambio vidas a mejor”

“El culto a la juventud está creando una sociedad muy superficial”


Es uno de los más prestigiosos cirujanos plásticos de cabeza, cara, y cuello, de los Estados Unidos. Por él han pasado todo tipo de pacientes, incluidos víctimas de cáncer, de violencia doméstica, o de los accidentes más crueles. Sus manos son una esperanza, un remedio, una goma de borrar dolor y preocupación en la vida de sus pacientes.

Con verdadera vocación eligió esta especialidad cuando apenas era conocida. Hoy, treinta años después, el doctor Carlos Wolf es un referente indiscutible, un grande entre los grandes en esta disciplina.

Si hubiera que elegir tres palabras para definirlo yo elegiría compromiso, humanidad y equilibrio. Tres valores que le han aportado reconocimiento profesional y rentabilidad humana.Tres valores que han hecho de él un virtuoso profesional y un interesante ser humano.

Trabajador incansable, a sus 59 años mantiene en su clínica de Miami una apasionada actividad. Valora tanto la vida que no desaprovecha un minuto de su tiempo. De ahí que trabajo y recreo sean para él una buena fórmula para ser feliz.

Carismático y humano, mientras comentamos las emotivas cartas de agradecimiento que le escriben sus pacientes, algunas más que capaces de remover hasta la roca más firme, satisfecho y agradecido admite:

“Mirando treinta años atrás, ahora sé que lo hice bien”


P: Carlos ¿Quién eres?

R: Soy un hombre honesto, una persona sencilla a la que le gustan las cosas claras y la gente buena. Positivo, trabajador, feliz y orgulloso de mi familia, soy un enamorado de la vida, y me siento agradecido de poder disfrutarla plenamente. Son valores que aprendí de mi madre.

Creo en el esfuerzo y la superación para llegar a dónde quieres, me encanta el sentido del humor y disfruto ayudando a las personas a ser más felices.

P: Eres uno de los mejores y más reputados cirujanos plástico faciales de los Estados Unidos. Y también de los más queridos. ¿A qué crees que se debe ?

R: Tal vez porque soy una buena persona. Independientemente de la técnica que he desarrollado a lo largo de mi vida profesional, y que reduce mis intervenciones a una cuarta parte del tiempo que necesitan otros colegas, creo que se me quiere porque fundamentalmente soy un buen ser humano. Cuido mi interior y mi forma de estar con los demás. No puedo permitirme estar yo mal por dentro porque eso afecta de forma negativa al resultado de mi trabajo. Y el afectado primero es mi paciente. Eso no me lo puedo permitir.

P: ¿Por qué elegiste esta especialidad?

R: Cuando empecé hace treinta años esta especialidad era casi inexistente; pero a mí me atrajo siempre esta parte de la anatomía. Y como no es posible ser bueno en todo, había que especializarse y elegí cirugía de cabeza, cuello, y cara.

P: ¿Qué diferencia hay entre cirugía plástica y cirugía estética?

R: La cirugía plástica es reconstructiva. Es un proceso de reconstrucción de tejidos que bien o faltan, o han sido dañados por causas como cáncer, accidentes, trauma, o por nacimiento. Es una cirugía que añade algo que falta y que es necesario.

La cirugía estética se aplica para retocar el aspecto físico original del paciente.

P: ¿Cómo es tu relación con tus pacientes?

R: Muy estrecha y de mutua confianza. Yo me intereso mucho por su estado emocional, por cómo está su vida y por conocer cuáles son los verdaderos motivos que les traen a mi consulta, porque para un resultado final impecable es fundamental la confianza mutua y tener ambos las cosas claras. Siempre trato de establecer una relación de complicidad muy íntima y personal entre médico- paciente.

Además de esto, cada paciente mío, sea de la parte del mundo que sea, tiene mi móvil particular, algo que sorprende a mis otros colegas. Esa es otra cosa que me diferencia del resto.

Mis pacientes no pueden sentirse nunca solos y abandonados.

P: ¿Cambiar la cara cambia el carácter?

R: Yo diría que hace que el carácter salga. Tengo pacientes que después de quince o veinte años me confiesan que esa operación mía les ha cambiado por completo la vida, que les abrió un mundo más fácil. Se sienten más cómodos, sin dudas y con más confianza en sí mismos; se atreven a hacer cosas que antes no se atrevían. Y no sólo con la cirugía plástica. La cirugía estética resuelve también verdaderos dramas personales. Este es uno de los aspectos más gratificares de mi trabajo. Me gusta lo que hago porque cambio vidas a mejor, porque ayudo a las personas a ser más felices. Mirando treinta años atrás ahora sé que lo hice bien.

P: Entre tus pacientes has tenido víctimas de la violencia doméstica. ¿Qué se siente ante un rostro destrozado por algo así?

R: En mi trabajo he visto lo mejor y lo peor del ser humano. Este es un buen ejemplo de ello.

Como hombre siento lo que cualquier persona de bien ante semejante monstruosidad.

Como cirujano me preparo para recomponer algo más que un rostro. Recuperar el rostro es devolverle la identidad física al paciente, la posibilidad de llevar la cara levantada sin sentir rechazo de nadie, sin sentir vergüenza ni humillación. A veces “reconstruir una cara es reconstruir una vida”.

P: ¿Qué no harías nunca? ¿Te has negado alguna vez a hacer algo que te pedía el paciente?

R: Nunca hago nada que creo que no es bueno para él y que no le va a favorecer. El interés del paciente es siempre lo más importante para mí. Tampoco hago cambios drásticos, me preocupa la preparación mental para aceptarlos. Por encima de un interés económico está siempre lo que es mejor para mis pacientes.

P: ¿Cuántos pacientes le has quitado a un psiquiatra o a un psicólogo?

R: No sé los que le he quitado pero sí sé los que le he enviado. Una parte importante de mi tiempo la uso hablando con mis pacientes, de manera que después de tantos años me he convertido también en un buen psicólogo.

A veces el propio paciente no sabe muy bien lo que quiere. Algunos me llegan en momentos delicados de su vida, como la muerte de un ser querido, la pérdida de trabajo o un divorcio, de forma que cuando veo que algo no se ajusta a lo que ellos me dicen, les aconsejo la ayuda de estos profesionales. Y después, ya se verá si yo les hago falta o no.

P: ¿Te sientes importante?

R: Me siento útil. Eso es lo importante para mí.

P: ¿Qué te ha dado tu profesión desde el punto de vista humano?

R: Me ha hecho un buen psicólogo, como he dicho antes. He aprendido a escuchar, a observar, a aceptar mejor las distintas formas de ser. Lo que sé de la condición humana lo he aprendido de mis pacientes. Mi consulta es un buen escenario de la vida misma. He visto personas sensibles, amables, egoístas, víctimas, prepotentes. Personas generosas, elegantes, y otras que no lo son tanto, o nada.

También he aprendido lo importante que es rodearme de buenas personas. En el trabajo y en la vida. Y hoy se lo digo a mis hijos, para que lo sepan cuanto antes. No puedes llegar a dónde quieres si no te rodeas de gente buena en todos los sentidos.

Pero sobre todo he descubierto que ayudar a los demás es lo que más me satisface en la vida.

P: En España muchos profesionales a partir de los 50 años tienen problemas para conservar su puesto de trabajo. De manera que el paso del tiempo, lejos de ser un reconocimiento, es una amenaza. ¿Tienes pacientes en esta situación que piden parecer más jóvenes para poder seguir trabajando?

R: Claro que los tengo. Sobre todo del mundo del cine, los medios de comunicación, y del espectáculo en general. Algunos son muy conocidos y con gran poder de convocatoria, tanto que no pueden parecer cansados o avejentados.Y me alegro de poder ayudarles a conservar su puesto. Porque lo cierto es que está científicamente comprobado que la gente guapa y joven tiene más fácil conseguir mejores trabajos.

P: Una sociedad como la nuestra, excesivamente volcada en parecer siempre joven ¿Está enferma o qué le pasa?

R:Un aspecto saludable y joven contribuye a que nos sintamos más jóvenes y fuertes en nuestro interior, a celebrar con más alegría lo vivido y la vida que tenemos por delante. Eso es fantástico y es importante. Y por eso me gusta mi trabajo, como he dicho.

Pero una cosa es procurar un aspecto saludable y estupendo para vernos y sentirnos mejor, y otra utilizar la cirugía plástica para eliminar de nuestra cultura lo positivo del paso del tiempo, el valor de los mayores, su experiencia como referente, su sabiduría. Estamos creando una sociedad muy superficial. Lo estamos haciendo mal.

Tengo pacientes de 70 y 80 años dueños de su vida y de sus decisiones, con una chispa, con unas ganas de vivir, con un sentido del humor, que tiran por tierra esta manía de que sólo lo joven sirve. Y me encanta y admiro su actitud y valentía.

P: Tu mantienes una actividad frenética que exige estar en plena forma. Muchas horas en la consulta y largas jornadas en el quirófano. A tus 59 años ¿Qué haces para lograrlo?

R: Me cuido mucho, por mis pacientes y por mí. Si quieres lograr una carrera profesional larga hay que cuidarse mucho. Tengo que estar muy en forma física y mental porque yo opero caras y tengo que ser perfecto. Un fallo aquí sería terrible, para el paciente el primero. Y a mi, más que mi cartera me importa mi paciente, así que me cuido mucho.

Tres o cuatro días a la semana hago deporte aunque el día haya sido agotador. Y los fines de semana aún más. Cuido mi alimentación, viajo dos o tres veces al año para descansar la mente, y me rodeo de buenas personas, de gente optimista. Eso es muy importante. La mala gente no está en mi vida.

P: ¿Qué has ganado con la edad?

R: He ganado seguridad y confianza. Hoy el trabajo que hago ya no guarda sorpresas para mí. Cuando empiezas en una profesión como la mía no siempre estás seguro de si acertarás con los métodos que vas a utilizar. Sólo echando la vista atrás, viendo los buenos resultados, entonces sabes que lo hiciste bien.

Y sobre todo he constatado que por encima del dinero está ayudar a las personas a ser más felices.

P: ¿De qué te sientes más orgulloso?

R: Yo soy una persona muy familiar y me siento muy orgulloso de mi familia. Me siento orgulloso de mis hijos y de llevar casado con mi esposa más de 30 años, algo poco frecuente en mi entorno profesional.

En el aspecto laboral me siento orgulloso de haber llegado mucho más lejos de lo que nunca pensé.

Y el que mis pacientes me busquen por mi experiencia y por mi forma de ocuparme de ellos, a pesar de que hay cirujanos más jóvenes, me hace sentir orgulloso y muy agradecido. Hoy me sucede ya incluso con la tercera generación de mis primeros pacientes.

P: ¿Alguna receta tuya personal contra el paso del tiempo?

R: Mi receta es jugar bien las cartas que la vida te da y no buscar excusas para no hacer nada. Luchar por lo que te apasiona, hacerlo bien, muy bien, y dar lo mejor de ti; pero con la misma pasión disfrutar de lo logrado, disfrutar de la vida. De otra forma la receta no tiene gracia.

P: ¿Cuál es tu próximo reto?

R: Tengo un reto continuo, y es vivir plenamente para no perderme nada que no me debería perder.

Por lo pronto continuaré con mi trabajo en la clínica porque me sigue apasionando y estoy en condiciones físicas y mentales para ello, aunque quiero bajar un poco el ritmo para poder viajar más.

Pero como soy una persona que siente constante curiosidad por otras muchas cosas en la vida, ya he empezado con distintos proyectos que me apetece mucho vivir. Si bien no guardan relación con mi carrera, me hace mucha ilusión estar metido en ellos. Algunos ya están en marcha desde hace unos años y pronto verán la luz. Otros están aún en mente. Por ejemplo, a mi me gusta escribir y tengo varias publicaciones en diferentes medios especializados en mi materia, pero como me encanta el sentido del humor, quiero escribir un libro divertido sobre algunas de mis experiencias vividas.

P: ¿Y tu sueño más íntimo por cumplir?

R: Estoy en un momento muy feliz de mi vida. Estoy feliz con lo que he logrado. Pero ¡Tener nietos me encantaría!

Aunque eso ya no depende de mí.



Entrevista en inglés

Coctail americano

Ingredientes

  • Hielo
  • 30 ml de campari
  • 30ml de Vermouth dulce
  • Soda
  • Una rodaja de naranja
  • Una rodaja de limón

Elaboración

  • Llenar el vaso de hielo.
  • Añadir el Campari y el Vermouth en las proporciones indicadas y terminar de rellenar el vaso con soda
  • Decorar con la naranja y el limón, puede servirse con una varilla de cocktail.

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